| Fernando Osorio “El aula es el reflejo de la sociedad” |
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| Licenciado en psicología especializado en violencia escolar.
Es profesor de posgrado del Centro Dos, instituto de asistencia y docencia en psicoanálisis y trabaja con adolescentes con severos problemas de comportamiento y también con implicados en causas penales –¿Se emplea el concepto bullying para definir a la violencia escolar en la Argentina? –Este concepto tiene varias connotaciones. Hay una intención ideológica de enmarcar estas problemáticas en términos diferentes. En el país, bullying es la conducta animal conocida como “de novillo”, o sea, la acción del maltrato físico entre pares. Este concepto fue tomado por especialistas para darle un nombre a este tipo de violencia entre los jóvenes adolescentes. –¿En nuestro país se lo adopta como patología? –Creo que el bullying responde directamente al vademécum farmacológico, porque intenta definir a los jóvenes que en algún momento se violentan contra sus compañeros con una sola descripción y no busca los motivos en la historia del chico. Además, es sólo un diagnóstico basado en criterios globales que tiene en cuenta patrones comunes. Sólo analiza el problema del presente, cosa bastante imprecisa y poco compartida por los profesionales argentinos, que en su mayoría tenemos orientación psicoanalítica. –¿Y por qué existe esta resistencia a adoptarlo? –Hay una oposición general porque se intenta clasificar una conducta que sería normal en la mayoría de los casos y sólo anormal en ciertos sujetos con problemas. –¿A qué atribuye que haya mucha violencia en las aulas? –La violencia en las escuelas no es otra cosa que el reflejo de la violencia que padece todo el sistema social. Se refleja en las instituciones, pero proviene de afuera. El caso de Carmen de Patagones es un ejemplo. Los docentes no son culpables de que un padre tenga un arma al alcance de su hijo y que encima le enseñe a tirar. –¿Pero por qué el chico lleva el arma y la usa en el aula? –Aunque no tengo información sobre el diagnóstico que le dieron a ese chico (“Junior”), está claro que sufría de algún trastorno de conducta emparentado con el trastorno negativista desafiante, muy presente en los adolescentes. Hay muchos factores por los que un chico puede reaccionar agresivamente. * La falta de comunicación y de contención familiar. * El poco interés por la palabra de los adultos. * La ausencia de proyectos y la influencia de la TV, los videojuegos y el cine pueden ser otros de los motivos. |
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