CICLO DE CONFERENCIAS
VIOLENCIA FAMILIAR EN LOS TIEMPOS
DE LA NIÑEZ, PUBERTAD Y ADOLESCENCIA
-Intervenciones-
El sello particular y distintivo de la “condición humana” se deja ver desde el comienzo mismo de su vida. A diferencia de otras especies el ser humano posee desde su nacimiento, y hasta su definitiva estructuración física y psíquica como adulto, un estado de absoluta indefensión y dependencia de los mayores que se hacen cargo de él: en el mejor de los casos, los padres. Esta es la situación que cualquier niño, púber o adolescente vive de hecho, en mayor o en menor grado, dependiendo de cuál etapa esté transitando. A menor edad, mayor será su dependencia objetiva y subjetiva hacia el adulto, y viceversa.
En condiciones normales – y normativas – se espera que el adulto no haga abuso, sino por el contrario, un uso legítimo y reglado de las facultades que le competen, brindando al menor amor, protección, amparo, materialidad de recursos y educación, hasta que éste se convierta, a la salida de la adolescencia, en un sujeto adulto, ya también responsable él mismo, y plenamente, tanto de sus decisiones como de sus actos.
Ahora nos preguntaremos cuándo podemos afirmar que se rompen las condiciones normativas de una crianza; decimos que esto ocurre cuando el adulto se vale de de su inmensa superioridad intrínseca y extrínseca respecto del menor, haciendo de la misma un uso perversoEs en este momento cuando la disparidad con respecto del menor se troca en un flagrante e ilegítimo acto al que sin duda alguna nominaremos como abuso de poder; con la violencia que le es concomitante, que tomará cualquiera de las siguientes expresiones: violencia física, violencia discursiva, violencia psíquica; abuso sexual, prostitución infantil, situación de calle, etc.
Estas formas de violencia no reconocen fronteras o diferencias según el nivel socioeconómico y cultural. No son privativas de las zonas marginales, ni tampoco respetan las residenciales y de clase media. En todos los casos el resultado para la víctima será estragante.
Existe un punto crucial. El niño, púber y/o adolescente se encuentra en estos tiempos de su estructuración con un dilema; tal como señala la etimología del término, cualquier solución que se tome resultará infinitamente costosa. De no entenderse así la situación, se hace muy difícil, quizás imposible, encontrar una salida. Siendo el adulto, decíamos, una figura indispensable e insustituible para su desarrollo, el sujeto en crecimiento necesitará apegarse a él aún en condiciones sumamente adversas, incluidas las mencionadas más arriba. Por este motivo es perfectamente comprensible que a este ser en formación le resulte muy difícil, a veces imposible, discernir, y mucho menos ejercer una crítica espontánea o decidir un accionar más “severo”, frente a la situación violenta que vive; de hacerlo marcadamente, se configura una situación ubicable en las antípodas del apego forzozo al que hiciéramos mención. Y debemos decirlo, este niño, púber y adolescente, se proclama entonces paria de su propia existencia, con toda la gravedad que esta expresión implica. Recordemos el ejemplo por excelencia: el niño que huye de su hogar dejando de ser, entonces, hijo de un nombre, de una filiación, para pasar a ser un niño “de la calle”. Se comprende entonces por qué afirmábamos antes que cualquier “solución” que se esgrima resultará demasiado costosa para esa subjetividad en formación.
Si como sociedad, en principio, entendemos este dilema, no nos quedará éticamente hablando otra opción que la de hacernos cargo, cada uno desde la función y el lugar que le compete, de “des-cubrir” cualquier tipo de violencia cometida contra el indefenso, sancionarla como tal, y tomar a tiempo y en conjunto las medidas que sean necesarias. Porque no habrá ninguna circunstancia genuina que pueda compensar en el futuro mediato las nefastas y perdurables consecuencias, tanto físicas como psíquicas, que marcan a las personas o personitas que sufren los horrores de los distintos tipos de violencia mencionados.
Lic. Miriam Mazover
Miembro y fundador
Directora y coordinadora Gral del
Departamento de Educación Centro dos |